A VUELTAS CON LA MOVILIDAD URBANA SOSTENIBLE

Cuando hace un mes se me ocurrió, sobre la marcha, iniciar un blog “amateur” en torno a la sostenibilidad, en cualquier ámbito de la vida, tenía en mente obligarme a profundizar, compartiendo impresiones y opiniones, en torno a dicho concepto.

Tras mis primeras publicaciones en el blog, tuve dudas sobre la conveniencia de limitarme a compartir opiniones sobre aspectos relacionados con mi desarrollo profesional o extenderme a otros ámbitos cotidianos para todos: política, sociología, relaciones y hábitos de vida. Me sigue llamando la atención cómo desde las instituciones mundiales siguen emanando recomendaciones, alertas y normas, con una importante carga burocrática y unos objetivos que, lejos de motivarnos, nos generan indiferencia por considerarlos inalcanzables o, lo que es peor aún, por creerlos inútiles.

¿A dónde quiero llegar ahora? Porque comienzo a escribir y me voy por las ramas. Es fácil caer en el tópico de que todos nos comportamos de la misma forma, o reaccionamos igual, ante una misma circunstancia y esto no es así. Hay factores intrínsecos a la persona, como son los genéticos, y otros externos que han influido en la formación del carácter (sociales, culturales, intelectuales, racionales, etc). Algunos de estos factores externos son propios de una comunidad o sociedad, y por lo tanto se podrán prever y gestionar de forma más clara, en cambio otros son más singulares, propios de la persona, y determinarán reacciones diversas ante una misma situación.

Quizás por estar dedicado profesionalmente a las cuestiones de la movilidad urbana mantengo una inquietud constante por conocer el modo y las causas de esos hábitos, para lo que es conveniente, también, tener en cuenta la finalidad de estos desplazamientos. Son tres cuestiones que se deben tener en cuenta a la hora de afrontar una gestión inteligente de la movilidad: ¿para qué nos movemos? ¿cómo nos movemos? ¿por qué nos movemos así? Conforme afinemos en la consecución de las respuestas mejor podremos gestionar según parámetros de sostenibilidad.

Aprovechando la baja actividad que se mantiene durante el mes de agosto, en una ciudad como Murcia, he dedicado parte de mi tiempo a realizar simples observaciones sobre la forma de moverse de las personas y las conclusiones obtenidas, sin pretender considerar esto un método científico ni de cerca, estoy seguro que coincidirían en gran medida con las llevadas a cabo en cualquier ciudad de similares características, durante el mes de menor actividad del año.

En este periodo la actividad lectiva (colegios, institutos y universidades) está paralizada, también es el mes de vacaciones por excelencia y baja mucho la actividad administrativa, comercial y de ocio. Algunas personas, de las que continúan en sus puestos, tienen una segunda residencia en la playa, el monte o la huerta y se desplazan al centro urbano desde sus lugares de descanso. Estos son factores que afectan de forma importante al modo de desplazarse el resto del año.

Otro factor a tener en cuenta, nada despreciable, es la gratuidad de aparcamiento, durante este mes, en las zonas habituales de rotación (residentes, zona de rotación con jornada laboral y rotación horaria). Esta acción conlleva un “efecto llamada” al uso del vehículo privado, al incrementar la oportunidad de aparcar sin coste, unido a que las altas temperaturas disuaden de la caminata entre los puntos de origen-destino, así como la disminución de frecuencias, y el consecuente empeoramiento, del servicio público de transporte. Este efecto es perfectamente comprobable porque a las 7 de la mañana no hay ningún problema para aparcar mientras que a las 8 ya es imposible encontrar un hueco disponible. Esto, por ejemplo, no pasa durante el resto del año, cuando hasta las 9, aún es posible encontrar plazas libres y a partir de esa hora comienza la consecuente rotación que genera el sistema de la O.R.A. implantando en todos los centros urbanos.

En las observaciones  llevadas a cabo estos días de agosto en algunas calles del centro urbano con zonas de aparcamiento, en días laborables y en distintas semanas del mes (para los que conocéis Murcia: alrededores del campus de la Merced y Centrofama, barrios de San Antón y San Miguel, calle Junterones y adyacentes), he presenciado retenciones puntuales de tráfico, en aquellas calles más estrechas, y, con frecuencia, detectaba vehículos que pasaban por el mismo punto en dos o tres ocasiones en un segmento de pocos minutos, evidentemente dando vueltas para intentar encontrar aparcamiento gratuito en superficie.

Ampliando el “estudio doméstico” a la línea de transporte público que uso habitualmente, el tranvía, haciendo algunas preguntas a viajeros en distintos segmentos horarios, así como a vecinos y conocidos que usan este modo de transporte, me encuentro que: en torno a un 5% de los «encuestados» han vuelto este verano a usar el tranvía, tras dejarlo el verano anterior porque debido a unas obras de mantenimiento tenían que hacer un transbordo y eso les inclinó a coger su vehículo; otro 5% de las personas a las que he preguntado me confirman que son nuevos usuarios, en estas fechas, por la dificultad de encontrar aparcamiento gratuito cerca de sus lugares de destino (coinciden en que al estar fuera de servicio la ORA, si no llegas temprano al centro no encuentras aparcamiento, pues en el mes de agosto la rotación es prácticamente nula durante la jornada laboral).

Finalmente, entre los consultados en el vecindario y conocidos, lo que podría aproximarse a una «encuesta cualitativa» por la extensión y detalles de las consultas, me he encontrado con multitud de factores: en función de si volvían o no, al final de la jornada, al punto de origen usaban el transporte público o su vehículo; según si habían trasnochado la noche anterior, o no, y apuraban el tiempo por la mañana, cogían su vehículo aún a costa de tener que pagar por aparcar en un subterráneo, también según el tiempo que fueran a permanecer en el centro; los había, por otro lado, que usaban el transporte público a la ida y a la vuelta utilizaban vehículo compartido. En fin, una variedad de opciones difícil de tabular en bloques homogéneos.

Como conclusión, corroborando lo que exponía al principio, se puede confirmar que el estudio de la movilidad (causa, modo y finalidad de los desplazamientos de las personas en un ámbito geográfico determinado) requiere del empleo de modelos matemáticos complejos. Las nuevas tecnologías hacen posible generar este “big data” para trabajar con los datos necesarios y suficientes que, en manos de los gestores, permitan diseñar y desarrollar la red más eficiente de transporte público, que será aquella capaz de atraer al mayor número de usuarios, imponiéndose a otras alternativas menos sostenibles. Y esto se conseguirá si se garantiza la capacidad suficiente de plazas, la frecuencia adecuada y un tiempo de desplazamiento competente con el vehículo privado. Si no se dan estas condiciones la mayoría de los mortales seguiremos yendo a lo cómodo, el coche, sin asumir nuestro compromiso personal con la sostenibilidad.

Publicado por Sostenibilidad Vital

En búsqueda de la Sostenibilidad Vital: ser mejor para servir mejor.

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