EN LA BATALLA DE CADA DÍA

Hace tres años que no escribía en este blog, que me propuse a mí mismo para obligarme a dar cuenta de mi existencia, de mi compromiso con el mundo y del aprovechamiento del tiempo, que no es oro sino la vida misma.

Efectivamente, demasiado tiempo para mantener la fidelidad de algún lector amigo que me consta se interesaba por estas impresiones compartidas, quien tiene un amigo tiene un tesoro y por eso siempre nos dan más de lo que nos merecemos.

No pretendía ser visionario con el título de aquella última entrada en el blog “solo sé que no sé nada”, referido entonces a la impotencia que me dominaba por la incapacidad general de encontrar solución a la catástrofe que daba la cara en el Mar Menor, acentuada por los efectos de una “DANA” que se había situado sobre nuestra región abriéndose en canal para anegarlo todo.

Aquel episodio, lejos de poder recordarlo como una anécdota puntual, permanece a día de hoy como una lacra sobre la que se siguen emitiendo informes, ya hemos llegado al ámbito europeo, apenas se han desarrollado algunas acciones, carentes de coordinación y consenso, y continuamos dando pasos inciertos con la esperanza de llegar a tiempo de la solución.

En estos tres años se han sucedido episodios que han ahondado más la sensación de impotencia porque a la DANA siguió la irrupción de una epidemia de impacto mundial, que paralizó a la humanidad como hasta entonces no habíamos sido capaces de imaginar, irrumpió con fuerza la actividad de un volcán, que nos tocó a todos de cerca por el sufrimiento de nuestro pueblo hermano canario, poniéndonos a naturaleza, una vez más, contra las cuerdas, y ahora se palpa la amenaza de una tercera guerra mundial en la misma puerta de Europa que se creía a salvo de esta barbarie que se viene permitiendo por las altas instancias mundiales en otros lugares donde la guerra es una “constante normalidad”.

La Naturaleza no permanece expectante, aunque sus  tiempos se miden en una escala diferente a la de nuestra vida humana, quizás si fuésemos capaces de mirar con una perspectiva capaz de trascender a nuestro propio yo o a la economía del  consumismo actual, que “trata de llenar el vacío de las relaciones humanas con productos cada vez más sofisticados”, llegaríamos a compartir la conclusión de la “#economíadefrancisco” (hastag de la cuenta de twitter @Pontifex_es): “El primer capital de toda sociedad es el espiritual, porque genera esa alegría de vivir que es necesaria también en la economía” e inspirado en Francisco de Asís, habla del “paradigma vegetal”, que contiene un planteamiento distinto sobre la tierra y el ambiente. Por ello es necesario ser milicia en la batalla diaria, como insiste el Papa Francisco: “Cambiaréis el mundo de la economía si junto con corazón y cabeza usáis también las manos”

Entre tanta oscuridad, que se cierne de forma global, estas palabras nos llenan de esperanza y nos muestran resquicios de luz que puede ir abriendo la juventud que comienza a rebelarse con actitud crítica ante el “pensamiento único” de  mensajes derrotistas que ofrecen como bálsamo el sabor dulzón de caramelos envenados por dentro. En el mundo sigue presente la verdad, la belleza y la bondad, por más que se esfuercen a ocultarlas bajo las pesadas losas ideológicas, y así interpelaba a nuestros jóvenes universitarios un gran maestro, como es D. Ignacio Vicens y Hualde, en la lección magistral del comienzo de este nuevo curso.

En la tertulia posterior alguien comentaba lo siguiente: cuando llega el momento de elegir una carrera debemos dejarnos llevar por aquello que nos gusta, después habrá que trabajar en lo que se pueda y a partir de ahí apasionarnos con lo que hacemos. Todos asentimos ante estas afirmaciones porque el ejercicio de nuestra libertad supone asumir el compromiso de alinear nuestro talento y nuestra pasión en la dirección elegida, al tiempo de ejercer nuestra voluntad de renunciar a todo lo que nos aparta del objetivo.

Quizás este compromiso es el matiz que nos quiere hacer olvidar nuestra actual “sociedad del bienestar”, situando la atención en el centro de una espiral de comodidad que no tiene fin, eliminando el pensamiento crítico y convirtiéndonos en materia líquida que gira cual peonza en movimiento sin que exista la necesidad de elegir. Al fin y al cabo ¿no es esa la tendencia a la que acaba abocando toda ideología? Por ello no debemos olvidar que somos milicia con una misión y en estas batallas discurre nuestro día a día, combatiendo una guerra para discernir la verdad, la bondad y la belleza, entre tantas crisis que se van sucediendo desde el principio de los tiempos.

Publicado por Sostenibilidad Vital

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