Vuelvo por estos lares, después de mucho tiempo, compartiendo una idea sobre liderazgo y la necesidad de respetar y fomentar las “decisiones en soledad”. Estos días ha sido criticada por clasista la expresión de una política al aludir al trabajo de “una limpiadora de escalera”, justificando ella el uso de este ejemplo para poner de manifiesto un trabajo muy digno pero mal remunerado. Sin entrar en juicios de valor, me sirve el ejemplo para insistir en la importancia de fomentar que todos los integrantes de un equipo deben asumir “decisiones en soledad”: ¿cómo se evaluaría el trabajo de esta persona, en función de que decidiese recoger, o no, unos papeles que quedan fuera del portal que da acceso a la escalera? Excede del ámbito de su estricta responsabilidad, pero no tomar esa decisión generará una mala imagen que alcanzará a la propia gestión de la empresa.
Ante un escenario incierto, en una sociedad que está evolucionando del estado líquido al gaseoso, seguimos hablando de liderazgo como un “rol” exclusivo, que opera en un plano superior al del resto de la organización, asignándole un poder, que roza a veces lo sobrenatural, cuya intención es transformar incluso el sentir del individuo perteneciente a la organización, no conformándose con gestionar el modo de trabajo y reconocer las competencias diversas de los miembros del equipo, asumiendo que cada uno es único en su manera de sentir.
La naturaleza de la persona humana dispone de una dimensión interior, en la que reside la soberanía más íntima de su libre albedrío, que “anima” todas sus acciones y hace posible el desarrollo del resto de sus capacidades: funcionales, intelectuales y psicológicas.
Hace un par de semanas leía un artículo de Xavier Marcet, titulado “La soledad del mánager” (Sintetia), que asigna al líder la virtud de reconocer que “la soledad de la última palabra se aloja en el alma”. Estoy de acuerdo, aunque pienso que esta cualidad debería trabajarse también con todo el equipo.
En un mundo donde impera la tendencia a la “polarización” y al “etiquetado”, entiendo el liderazgo como la capacidad de fomentar en todas personas esta mirada a su interior, activando su responsabilidad para tomar “decisiones en soledad”, con la convicción de estar contribuyendo a la misión del equipo y esforzándose en no perder de vista el propósito de la organización.
