He decidido ordenar por orden alfabético estos conceptos que me rondan la cabeza estos días y protagonizan la reflexión que comparto hoy.
¿En el entorno profesional cual piensas que podría ser el orden de prelación?
En los inicios de una “startups”, por ejemplo, el equipo promotor queda automáticamente investido de autoridad para liderar el proyecto. A continuación, vendrá la definición y puesta en marcha de la estrategia empresarial y con el tiempo se irá concretando la cultura que define el marco de trabajo en la entidad. En este caso el orden ya no obedecería al criterio alfabético empleado en el título.
En una empresa consolidada en el tiempo, con una cultura definida y una autoridad que reside en la Junta de Accionistas y que se gestiona desde el Consejo de Administración, la llegada de un nuevo CEO podría provocar un cierto cambio de estrategia. En este caso la jerarquía está clara: cultura, autoridad y estrategia.
En una situación de crisis profunda el orden de estos conceptos volvería a cambiar, asumiendo el rol protagonista el cambio de estrategia, ante la resistencia probable de la autoridad, que se vería forzada con toda probabilidad a un cambio de cultura empresarial.
Hasta el momento, el marco de referencia para ponderar la importancia de estos tres conceptos ha estado limitado al ámbito interno de la organización. Sin embargo, no podemos obviar que nuestras naves surcan océanos convulsos con cambios rápidos e impredecibles, donde la información no es clara y está condicionada por factores interconectados que dificultan el análisis, generando situaciones sin precedentes que se prestan a múltiples interpretaciones, lo que se conoce como entorno VUCA (volátil, incierto -uncertain-, complejo y ambiguo). Además los acuerdos consensuados mayoritariamente, que eran referencias firmes, se tornan frágiles y están colapsando con facilidad, generando estrés y parálisis global, donde causas particulares generan terremotos de gran alcance tensionando la realidad a niveles de difícil comprensión, fenómeno que tiene también su propio acrónimo, BANI (brittle -frágil-, anxious, non-linear, incomprehensible).
En este contexto ampliado conviene fomentar la interacción entre los tres conceptos, generando una transformación de la autoridad, de forma que promueva una estrategia fruto de la contribución, intensificando el sentimiento de pertenencia de cada elemento individual dentro del marco cultural que define cada organización.
Pudiendo estar más o menos de acuerdo en ese necesario e idílico entendimiento, la realidad zarandea de forma cruda la confianza y tensa la voluntad de mantener cierta coherencia, haciendo difícil discernir los pilares que sustentan la autoridad, como se conforma una estrategia y hasta que punto se puede tensionar la cultura. Quizás sin ahondar en detalles concretos nos vengan fácilmente a la cabeza algunas crisis importantes en grandes clubes deportivos.
El requisito imprescindible, en mi opinión, es la capacidad para tomar decisiones difíciles, con empuñadura suave y hoja templada, que vibre con entusiasmo, repartiendo arriba y abajo, a diestra y siniestra. Sumando los talentos individuales a un proyecto compartido, viviendo la tradición y afrontándola con inteligencia nueva hasta lograr que emerjan los valores vitales.
Una estrategia no puede quedarse en el cumplimiento de unos procedimientos que aseguren el orden. Se requiere promover una transformación personal que abrazando la verdadera autoridad permita emerger una cultura nueva.
