EN LA BATALLA DE CADA DÍA

Hace tres años que no escribía en este blog, que me propuse a mí mismo para obligarme a dar cuenta de mi existencia, de mi compromiso con el mundo y del aprovechamiento del tiempo, que no es oro sino la vida misma.

Efectivamente, demasiado tiempo para mantener la fidelidad de algún lector amigo que me consta se interesaba por estas impresiones compartidas, quien tiene un amigo tiene un tesoro y por eso siempre nos dan más de lo que nos merecemos.

No pretendía ser visionario con el título de aquella última entrada en el blog “solo sé que no sé nada”, referido entonces a la impotencia que me dominaba por la incapacidad general de encontrar solución a la catástrofe que daba la cara en el Mar Menor, acentuada por los efectos de una “DANA” que se había situado sobre nuestra región abriéndose en canal para anegarlo todo.

Aquel episodio, lejos de poder recordarlo como una anécdota puntual, permanece a día de hoy como una lacra sobre la que se siguen emitiendo informes, ya hemos llegado al ámbito europeo, apenas se han desarrollado algunas acciones, carentes de coordinación y consenso, y continuamos dando pasos inciertos con la esperanza de llegar a tiempo de la solución.

En estos tres años se han sucedido episodios que han ahondado más la sensación de impotencia porque a la DANA siguió la irrupción de una epidemia de impacto mundial, que paralizó a la humanidad como hasta entonces no habíamos sido capaces de imaginar, irrumpió con fuerza la actividad de un volcán, que nos tocó a todos de cerca por el sufrimiento de nuestro pueblo hermano canario, poniéndonos a naturaleza, una vez más, contra las cuerdas, y ahora se palpa la amenaza de una tercera guerra mundial en la misma puerta de Europa que se creía a salvo de esta barbarie que se viene permitiendo por las altas instancias mundiales en otros lugares donde la guerra es una “constante normalidad”.

La Naturaleza no permanece expectante, aunque sus  tiempos se miden en una escala diferente a la de nuestra vida humana, quizás si fuésemos capaces de mirar con una perspectiva capaz de trascender a nuestro propio yo o a la economía del  consumismo actual, que “trata de llenar el vacío de las relaciones humanas con productos cada vez más sofisticados”, llegaríamos a compartir la conclusión de la “#economíadefrancisco” (hastag de la cuenta de twitter @Pontifex_es): “El primer capital de toda sociedad es el espiritual, porque genera esa alegría de vivir que es necesaria también en la economía” e inspirado en Francisco de Asís, habla del “paradigma vegetal”, que contiene un planteamiento distinto sobre la tierra y el ambiente. Por ello es necesario ser milicia en la batalla diaria, como insiste el Papa Francisco: “Cambiaréis el mundo de la economía si junto con corazón y cabeza usáis también las manos”

Entre tanta oscuridad, que se cierne de forma global, estas palabras nos llenan de esperanza y nos muestran resquicios de luz que puede ir abriendo la juventud que comienza a rebelarse con actitud crítica ante el “pensamiento único” de  mensajes derrotistas que ofrecen como bálsamo el sabor dulzón de caramelos envenados por dentro. En el mundo sigue presente la verdad, la belleza y la bondad, por más que se esfuercen a ocultarlas bajo las pesadas losas ideológicas, y así interpelaba a nuestros jóvenes universitarios un gran maestro, como es D. Ignacio Vicens y Hualde, en la lección magistral del comienzo de este nuevo curso.

En la tertulia posterior alguien comentaba lo siguiente: cuando llega el momento de elegir una carrera debemos dejarnos llevar por aquello que nos gusta, después habrá que trabajar en lo que se pueda y a partir de ahí apasionarnos con lo que hacemos. Todos asentimos ante estas afirmaciones porque el ejercicio de nuestra libertad supone asumir el compromiso de alinear nuestro talento y nuestra pasión en la dirección elegida, al tiempo de ejercer nuestra voluntad de renunciar a todo lo que nos aparta del objetivo.

Quizás este compromiso es el matiz que nos quiere hacer olvidar nuestra actual “sociedad del bienestar”, situando la atención en el centro de una espiral de comodidad que no tiene fin, eliminando el pensamiento crítico y convirtiéndonos en materia líquida que gira cual peonza en movimiento sin que exista la necesidad de elegir. Al fin y al cabo ¿no es esa la tendencia a la que acaba abocando toda ideología? Por ello no debemos olvidar que somos milicia con una misión y en estas batallas discurre nuestro día a día, combatiendo una guerra para discernir la verdad, la bondad y la belleza, entre tantas crisis que se van sucediendo desde el principio de los tiempos.

SÓLO SE QUE NO SE NADA

Esta mañana, en mi ruta matutina, desde “mi atalaya particular” dedicado a la contemplación mientras mi pastor alemán corre por el monte, divisaba Murcia envuelta de nuevo en la niebla, que ya es una constante habitual.

Así como otros días se distinguen perfectamente las quemas en diversos puntos de la huerta, hoy no apreciaba este fenómeno, no se si porque no era la causa o porque este domingo he salido algo más tarde de lo habitual, y ya se habían diluido los puntos de emisión entre el espesor gris que difuminaba el contorno de la ciudad. Digo gris porque soy daltónico y tampoco aprecio bien matices de algunos colores, perfectamente podría ser amarillento o marrón, ahí suelo ser bastante inexacto.

Hace tiempo que no escribía en este blog, que inicié hace unos meses para compartir inquietudes, ideas y conclusiones particulares sobre la sostenibilidad de la vida, así en general, sin concretar una línea específica.

Durante el camino de vuelta a casa repasaba las imágenes que vengo presenciando últimamente: restos de baldomeras que han quedado esparcidas a lo largo de la mota del Segura entre Archena y Ulea, lugar que frecuento en mis caminatas; miles de peces muertos o agonizando en una playa del Mar Menor; montones de botellas y bolsas de plástico, que se mantienen esparcidos por el monte que rodea el Campus de Espinardo, de las novatadas de cada año; superficie vallada y talada en las lomas de Agridulce, donde meses antes había un vergel de naranjos y un espacio por donde podías caminar; y así otras imágenes difuminadas entre la realidad y la virtualidad de las redes sociales, que nos inundan de forma constante.

Y me pregunto: ¿qué puedo hacer yo?, ¿qué solución, entre las muchas que se proponen, es la más adecuada?, ¿por qué la mayoría de las voces se centran en el linchamiento de los políticos, antes de documentarse sobre las verdaderas causas, las soluciones más adecuadas y quién tiene las competencias para llevarlas a cabo?

La respuesta es clara: sólo se que no se nada. El problema no es que yo no sepa nada, al fin y al cabo, sólo soy una persona con disposición para trabajar. El principal problema es que tampoco soy capaz de identificar una autoridad fiable en esta cuestión, siempre actual, de urgencia social, que certifique causas y acciones concretas, aplicables a territorios y grupos sociales determinados, indicadores para ir midiendo el grado de consecución de los objetivos, etc.

Sobre el último episodio, que inunda las redes sociales, con imágenes de la naturaleza agonizante a orillas del Mar Menor, espero que más pronto que tarde tengamos un informe solvente, desde el punto de vista científico, que arroje luz sobre las causas y sobre los pasos a dar: concretos, delimitados en el tiempo y con los indicadores de seguimiento.

Sin más conocimiento que el sentido común y la intuición, si la muerte de esta multitud de peces que ha tenido lugar en los dos últimos días se circunscribe a una playa, la causa de esta catástrofe local supongo que será por una acción concreta y puntual que no obedece a la situación general de emergencia que está sufriendo el Mar Menor, sin ánimo de quitar gravedad al asunto.

Este fenómeno, más allá de la alarma social generada por el impacto de las imágenes, no será prioritario en las agendas de los responsables nacionales, europeos ni organizaciones del ámbito mundial. No tenemos “influencer” capaz de atraer la atención más allá de nuestros límites locales y regionales.

Mi preocupación también se extiende al largo plazo y sobre la totalidad del planeta pues, si en un ámbito tan local, donde nos toca directamente de forma personal, somos incapaces de escuchar a las voces autorizadas porque ni ellas mismas son capaces de llegar a un consenso, no confío en que podamos resolver problemas de ámbito general, reflejados en números y estadísticas, donde las organizaciones con responsabilidades diversas en materia medioambiental y con autoridad para desarrollar normas y aplicarlas en los distintos territorios y ámbitos de la sociedad, se limitan a considerar cifras en vez de personas, vidas individuales, cuyo valor transcendente particular es comparable al del conjunto del planeta que habitan.

Ayer, 12 de octubre, en el desfile de las Fuerzas Armadas en Madrid, un incidente atrajo el mayor protagonismo de la jornada. La profesionalidad y habilidad del paracaidista, y de los compañeros que reaccionaron para solventar el incidente, hicieron posible que este hecho quedase en una anécdota sin consecuencias que lamentar. Pero, no siempre está en nuestra mano, en las manos de las personas, evitar accidentes fatales difíciles de prever. Sobre esta cuestión, alguien en redes sociales se felicitaba así: “sólo en las dictaduras estas exhibiciones militares resultan perfectas”, y he de reconocer que estoy bastante de acuerdo con la afirmación, no porque en regímenes totalitarios las personas sean perfectas, sino porque el control es férreo y solo se muestra aquello que se quiere mostrar.

En estos días de “precampaña”, que llevamos viviendo desde hace años, escuchaba a una representante política que lleva toda la vida desempeñando encargos relevantes (diputada regional, diputada nacional, diversas carteras ministeriales, presidenta y vicepresidenta de la Cámara del Congreso) decir que su compromiso firme e inalterable es con la sociedad del bienestar. Esas palabras, escuchadas en las ondas radiofónicas, me confortaron en aquel momento, después de dejar a mis hijos en el colegio, cuando me dirigía al trabajo, como cada día. Este fin de semana, en cambio, cuando mi mente descansa de la rutina diaria y mi espíritu crítico emerge con más fuerza, sus declaraciones comienzan a despertarme desasosiego.

Quizás, el problema actual radica precisamente en esa “sociedad del bienestar”, convertida en objetivo central de la ideología capitalista, que sólo se diferencia en los medios a emplear para lograr el “bienestar social”, que persiguen otras ideologías igual de “radicales” de signos opuestos, y cuyo fin principal, en todos los casos, estriba en aletargar las mentes y las voluntades para tener el “poder” sobre una población manipulable.

La Naturaleza, en cambio, no es siempre manipulable ni obedece al “bienestar conceptual de teorías sociales”. Que el ser humano pertenezca a la naturaleza no es su cualidad más importante, al ser ésta una característica común al resto de seres vivos. A diferencia de éstos, sí es determinante su participación de la “obra creadora”. Con el trabajo y con la ayuda de los medios técnicos, somos co-responsables del destino de nuestro planeta. En cosmología el principio antrópico establece que cualquier teoría válida sobre el universo debe ser consistente con la existencia del ser humano. En el Génesis 2, 8-15, se lee que el hombre recibe el encargo de cuidar y trabajar “el jardín de Edén”, la Naturaleza, con el fin de protegerlo y hacerlo fructificar, mediante su trabajo, para la humanidad y su descendencia. Quizás sea el momento de revisar como estamos ejerciendo este encargo y en qué aspectos concretos del “bienestar” lo hemos centrado. Convendría hacer recuento de los errores cometidos, fruto del mal empleo de la libertad, del mal empleo del conocimiento y de los recursos, de la imposición de voluntades totalitarias o democráticas. Pienso que es necesario y positivo recordar que “el desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar” (Punto 13. Carta encíclica Laudatio Si. Papa Francisco).

A VUELTAS CON LA MOVILIDAD URBANA SOSTENIBLE

Cuando hace un mes se me ocurrió, sobre la marcha, iniciar un blog “amateur” en torno a la sostenibilidad, en cualquier ámbito de la vida, tenía en mente obligarme a profundizar, compartiendo impresiones y opiniones, en torno a dicho concepto.

Tras mis primeras publicaciones en el blog, tuve dudas sobre la conveniencia de limitarme a compartir opiniones sobre aspectos relacionados con mi desarrollo profesional o extenderme a otros ámbitos cotidianos para todos: política, sociología, relaciones y hábitos de vida. Me sigue llamando la atención cómo desde las instituciones mundiales siguen emanando recomendaciones, alertas y normas, con una importante carga burocrática y unos objetivos que, lejos de motivarnos, nos generan indiferencia por considerarlos inalcanzables o, lo que es peor aún, por creerlos inútiles.

¿A dónde quiero llegar ahora? Porque comienzo a escribir y me voy por las ramas. Es fácil caer en el tópico de que todos nos comportamos de la misma forma, o reaccionamos igual, ante una misma circunstancia y esto no es así. Hay factores intrínsecos a la persona, como son los genéticos, y otros externos que han influido en la formación del carácter (sociales, culturales, intelectuales, racionales, etc). Algunos de estos factores externos son propios de una comunidad o sociedad, y por lo tanto se podrán prever y gestionar de forma más clara, en cambio otros son más singulares, propios de la persona, y determinarán reacciones diversas ante una misma situación.

Quizás por estar dedicado profesionalmente a las cuestiones de la movilidad urbana mantengo una inquietud constante por conocer el modo y las causas de esos hábitos, para lo que es conveniente, también, tener en cuenta la finalidad de estos desplazamientos. Son tres cuestiones que se deben tener en cuenta a la hora de afrontar una gestión inteligente de la movilidad: ¿para qué nos movemos? ¿cómo nos movemos? ¿por qué nos movemos así? Conforme afinemos en la consecución de las respuestas mejor podremos gestionar según parámetros de sostenibilidad.

Aprovechando la baja actividad que se mantiene durante el mes de agosto, en una ciudad como Murcia, he dedicado parte de mi tiempo a realizar simples observaciones sobre la forma de moverse de las personas y las conclusiones obtenidas, sin pretender considerar esto un método científico ni de cerca, estoy seguro que coincidirían en gran medida con las llevadas a cabo en cualquier ciudad de similares características, durante el mes de menor actividad del año.

En este periodo la actividad lectiva (colegios, institutos y universidades) está paralizada, también es el mes de vacaciones por excelencia y baja mucho la actividad administrativa, comercial y de ocio. Algunas personas, de las que continúan en sus puestos, tienen una segunda residencia en la playa, el monte o la huerta y se desplazan al centro urbano desde sus lugares de descanso. Estos son factores que afectan de forma importante al modo de desplazarse el resto del año.

Otro factor a tener en cuenta, nada despreciable, es la gratuidad de aparcamiento, durante este mes, en las zonas habituales de rotación (residentes, zona de rotación con jornada laboral y rotación horaria). Esta acción conlleva un “efecto llamada” al uso del vehículo privado, al incrementar la oportunidad de aparcar sin coste, unido a que las altas temperaturas disuaden de la caminata entre los puntos de origen-destino, así como la disminución de frecuencias, y el consecuente empeoramiento, del servicio público de transporte. Este efecto es perfectamente comprobable porque a las 7 de la mañana no hay ningún problema para aparcar mientras que a las 8 ya es imposible encontrar un hueco disponible. Esto, por ejemplo, no pasa durante el resto del año, cuando hasta las 9, aún es posible encontrar plazas libres y a partir de esa hora comienza la consecuente rotación que genera el sistema de la O.R.A. implantando en todos los centros urbanos.

En las observaciones  llevadas a cabo estos días de agosto en algunas calles del centro urbano con zonas de aparcamiento, en días laborables y en distintas semanas del mes (para los que conocéis Murcia: alrededores del campus de la Merced y Centrofama, barrios de San Antón y San Miguel, calle Junterones y adyacentes), he presenciado retenciones puntuales de tráfico, en aquellas calles más estrechas, y, con frecuencia, detectaba vehículos que pasaban por el mismo punto en dos o tres ocasiones en un segmento de pocos minutos, evidentemente dando vueltas para intentar encontrar aparcamiento gratuito en superficie.

Ampliando el “estudio doméstico” a la línea de transporte público que uso habitualmente, el tranvía, haciendo algunas preguntas a viajeros en distintos segmentos horarios, así como a vecinos y conocidos que usan este modo de transporte, me encuentro que: en torno a un 5% de los «encuestados» han vuelto este verano a usar el tranvía, tras dejarlo el verano anterior porque debido a unas obras de mantenimiento tenían que hacer un transbordo y eso les inclinó a coger su vehículo; otro 5% de las personas a las que he preguntado me confirman que son nuevos usuarios, en estas fechas, por la dificultad de encontrar aparcamiento gratuito cerca de sus lugares de destino (coinciden en que al estar fuera de servicio la ORA, si no llegas temprano al centro no encuentras aparcamiento, pues en el mes de agosto la rotación es prácticamente nula durante la jornada laboral).

Finalmente, entre los consultados en el vecindario y conocidos, lo que podría aproximarse a una «encuesta cualitativa» por la extensión y detalles de las consultas, me he encontrado con multitud de factores: en función de si volvían o no, al final de la jornada, al punto de origen usaban el transporte público o su vehículo; según si habían trasnochado la noche anterior, o no, y apuraban el tiempo por la mañana, cogían su vehículo aún a costa de tener que pagar por aparcar en un subterráneo, también según el tiempo que fueran a permanecer en el centro; los había, por otro lado, que usaban el transporte público a la ida y a la vuelta utilizaban vehículo compartido. En fin, una variedad de opciones difícil de tabular en bloques homogéneos.

Como conclusión, corroborando lo que exponía al principio, se puede confirmar que el estudio de la movilidad (causa, modo y finalidad de los desplazamientos de las personas en un ámbito geográfico determinado) requiere del empleo de modelos matemáticos complejos. Las nuevas tecnologías hacen posible generar este “big data” para trabajar con los datos necesarios y suficientes que, en manos de los gestores, permitan diseñar y desarrollar la red más eficiente de transporte público, que será aquella capaz de atraer al mayor número de usuarios, imponiéndose a otras alternativas menos sostenibles. Y esto se conseguirá si se garantiza la capacidad suficiente de plazas, la frecuencia adecuada y un tiempo de desplazamiento competente con el vehículo privado. Si no se dan estas condiciones la mayoría de los mortales seguiremos yendo a lo cómodo, el coche, sin asumir nuestro compromiso personal con la sostenibilidad.

SOSTENIBILIDAD TRADICIONAL vs ECOLOGÍA ACTUAL

Cuando le cuento a mis hijos anécdotas de la infancia, en aquellos veranos en el campo, piensan que exagero y que esas vivencias pertenecen a los libros de historia.

Mis primeros recuerdos de las vacaciones estivales se remontan a los inicios del último tercio del siglo pasado, claro, ¡cómo no les va a sonar a novela!

Nací en el noroeste de la Región de Murcia y los veranos los solía pasar con mis abuelos, en una pedanía de Caravaca de la Cruz, Los Royos, situada en el último rincón de esta Región, una esquina entre las provincias de Almería y Granada.

Mis primeros recuerdos de aquellos veranos transcurren en calles empedradas sin alumbrado público, porque no llegaba hasta allí el tendido eléctrico ni la red de telefonía, tampoco había agua potable en las casas ni alcantarillado, servicios urbanos que fueron llegando avanzados los 70.

En aquellos tiempos y en aquel lugar, nadie se planteaba si esa forma de vida era sostenible o no, simplemente se vivía de acuerdo con las circunstancias: el agua para beber se almacenaba en tinajas o cántaros, que se llenaban en la fuente del pueblo, la colada se hacía en el lavadero público, junto al nacimiento de agua, que servía también para el riego de la huerta y como abrevadero del ganado, los desplazamientos habituales se hacían a pie o en “burra” (se utilizaba ese nombre, ni asno ni pollino), aunque había algunos tractores y algún coche no todas las familias disponían de uno, y, por supuesto, para viajar a la ciudad el modo más empleado era en autobús (popularmente conocido como “correo”, supongo por el uso que se le daba para la mensajería): uno de ida, a las 7:30 y otro de vuelta a las 14:00. Hoy no existe ya servicio público de transporte. El centenar de casas que hay en el pueblo estaban habitadas todo el año y en verano llenas a rebosar. Hoy ya se ha cerrado el colegio y apenas quedan cinco familias en los meses de invierno.

La economía de la zona se basaba principalmente en el cultivo de cereales y la ganadería ovina. Los grandes rebaños de ovejas contaban con un reducido grupo de cabras, para consumo propio de leche, había pequeños huertos de hortalizas, regados mediante una red de acequias que se derivaban del manantial del pueblo y las casas contaban con su correspondiente corral donde se criaban el cerdo, las gallinas y los conejos para el uso doméstico.

Este año volveré a pasar allí parte de mis vacaciones y aunque sigue siendo un pueblo tranquilo, donde puedes salir al campo durante horas sin encontrarte con nadie, la forma de vida ha cambiado sustancialmente. En todas las casas hay televisión, existe cobertura 4G de telefonía móvil, por lo que la información llega tan rápido como a cualquier parte del mundo, y coches a disposición. Lo que no se conserva, prácticamente en ninguna casa, son el corral, los animales, para consumo, ni los huertos, con las hortalizas de temporada. Son casi todas, viviendas de segunda residencia que durante la mayor parte del año están cerradas. Yo me fui a estudiar a la universidad y mi vida fue por otros derroteros, pero los que siguen viviendo del campo o de la ganadería en la zona también cambiaron sus hábitos y, más allá de su ocupación laboral, tienen hábitos de vida similares a los urbanitas, cada día se desplazan, ida y vuelta, los 30 km que separan esta aldea del núcleo principal del municipio.

Los ganaderos y los agricultores disfrutan de subvenciones que les llegan a través de los organismos autonómicos procedentes de la UE. Se subvencionan muchos conceptos, por ejemplo, plantar un tipo determinado de cultivo, dejar parte de la cosecha sin recoger para fomentar el desarrollo de las aves esteparias, limitar la producción, el cultivo ecológico, etc. Todo esto contribuye a la mejora económica del sector y, al mismo tiempo, se favorece el desarrollo social y se intenta preservar el medio ambiente, en cambio, afecta negativamente al mantenimiento de los hábitats tradicionales de cada territorio por lo que veo incierta la sostenibilidad real, a largo plazo, de este sistema.

La despoblación de zonas rurales, en los países desarrollados, y la sostenibilidad tradicional es un problema global. Hay lugares del mundo donde los pueblos que eligieron mantener sus tradiciones tampoco lo están teniendo fácil. De este complicado equilibrio, entre la tradición ancestral y la ecología moderna, habla Marine Gauthier en su artículo publicado en El País, en julio de 2017. La historia recoge el testimonio de dos personas de mi edad, 50 años, Ganbat y Tumursukh, que nacieron en el mismo pueblo, en plena taiga mongola. Ambos dedican sus esfuerzos a conservar este bosque boreal desde perspectivas muy diferentes.

Ganbat, junto a su esposa y su familia, es el hombre de más edad de los que viven en el campamento, se ha quedado en el bosque, donde vela por los suyos y sus antiguas tierras, intenta seguir con la antigua tradición se su pueblo, muy anterior a la propia existencia de Mongolia. Esta misión de dar testimonio de su amor y respeto por la naturaleza la desarrollan sobre un rico subsuelo, sin interesarse por él. Es un dukha, una de las etnias menos numerosas del mundo, que agrupa a unas 250 personas. Se instalaron definitivamente en Mongolia cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial porque el cierre de las fronteras les pilló en ese lado, aunque sus antecesores tenían la costumbre de emigrar adonde deseasen.

Tumursukh, mongol, la etnia mayoritaria, se fue a la capital a estudiar y se convirtió en alto funcionario del Estado. Es responsable de las reservas naturales de la región, lucha día y noche contra las amenazas sobre la taiga, cuyas riquezas mineras la hacen sensible a la codicio de la industrialización. En 1987 consiguió crear la primera zona protegida y salvar parte de la región de Hovsgol de la explotación minera. Se lamenta por la falta de compresión hacia su trabajo, por parte de los dukhas.

Tumursukh ha buscado recursos para dotar a los guardias de motos adecuadas para una mejor vigilancia, en cambio los dukhas consideran que el ruido asusta a los animales y les acosa mucho más que la caza que puedan realizar ellos para su supervivencia. Por el contrario, ellos usan motosierras para generar claros en el bosque, cortando los árboles más viejos y usándolos para calentarse y para construir sus poblados temporales y corrales para los renos, que luego abandonan cuando emigran buscando musgo nuevo para su ganado de renos. Ganbat piensa que la solución oficial para la preservación no es la más adecuada, se lamenta que nadie les haya preguntado, piensa que podrían haber trabajado juntos. Hay falta de consenso y perspectivas muy diferentes para afrontar la conservación de la Naturaleza.

Dos años después de la publicación de Gauthier, Zigor Aldama vuelve a viajar en busca de esta tribu, también conocidos como tsaatan, y publica un nuevo artículo en El País, el 18 de enero de 2019, un artículo sobre el choque de sus costumbres contra la ecología que defiende el gobierno de Mongolia.

En el artículo describe como se vislumbran algunos cambios, la mayoría de las familias cuenta con placas solares que proporcionan energía suficiente para alumbrar y para entretener a la familia frente al televisor. Han sustituido las pieles que usaban para forrar el tipi por telas y plásticos que mejoran la impermeabilización.

Mongolia aprobó en 2014 una ley para proteger el patrimonio cultural, para compensar las restricciones impuestas a estas comunidades indígenas, el Gobierno destina una subvención en torno a 55 euros mensuales, que ellos estiman que no es suficiente. Muchos adolescentes salen para estudiar y no vuelven. Otros están derivando su modo de vida a la producción de artesanía, e incluso bajan en los meses más cálidos hasta el lago Khovsgol para estar cerca del turismo, lo que les llega a proporcionar ingresos extras por dejarse fotografiar e incluso montar a los renos.

Comprobar como se repiten las mismas secuencias en entornos tan distintos y alejados confirma el efecto de la globalización y la complejidad para alcanzar un equilibrio entre protección de entornos naturales y preservación de las costumbres tradiciones. La consecuencia más evidente es el vaciado de las zonas rurales y el crecimiento exponencial que están experimentando las zonas urbanas. Que las grandes organizaciones mundiales, dedicadas a preservar la ecología y frenar el cambio climático, sigan poniendo su atención sobre estas restricciones de los usos tradicionales me hace pensar que se está fallando en el enfoque del problema.

AL ALCANCE DE SER UN REFERENTE EN MOVILIDAD URBANA SOSTENIBLE

Según el investigador Xavier Querol, uno de los científicos más reconocidos por su estudio y conocimiento de la contaminación atmosférica, las zonas de bajas emisiones han sido las más efectivas, sobre todo para reducir el hollín de los coches diésel.

El pasado lunes, 22 de julio, el candidato a la presidencia de España en su discurso de investidura ratificó el compromiso que asumió el Ministerio para la Transición Ecológica en el borrador de su Plan Nacional de Energía y Clima, una estrategia que deben entregar a Bruselas los 28 Estados miembros para cumplir con el Acuerdo de París contra el cambio climático. El plan contempla «zonas centrales con acceso limitado a los vehículos más emisores y contaminantes» en todas las ciudades de más de 50.000 habitantes a partir de 2023. El texto recoge la necesaria «colaboración de las administraciones autonómicas y locales».

España está “a por uvas” en este aspecto y la única acción llevada a cabo, “Madrid Central”, parece que no ha sido bien acogida por todos los colectivos afectados. Los pasos a dar han de ser claros, bien argumentados, difundidos y definitivos. Querol incide en que la zona restringida en Madrid solo tiene 4 kilómetros cuadrados, mientras que Berlín, por ejemplo, la aplicó a todo su casco urbano. En Alemania, además, son 50 las urbes con zonas que limitan la entrada y circulación de los vehículos más contaminantes. En Europa se superan ya las 280 ciudades con restricción al tráfico, de forma específica por esta circunstancia.

La alcaldesa de Barcelona, ​​Ada Colau, presidió, el pasado 10 de julio, la constitución de la Mesa para la Emergencia Climática de Barcelona, primer paso de un plan de acción conjunta y coordinada con las entidades, y con la participación del resto de administraciones. Bienvenida sea esta iniciativa, aunque tardía y obligada, pues Madrid, Barcelona y el Prat de Llobregat son los tres municipios que han rebasado los niveles de contaminación hasta el punto de llevar a la Comisión Europea a denunciar al Reino de España ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

En Murcia podríamos convertirnos en referentes a nivel nacional y sumarnos a las ciudades europeas más avanzadas en la movilidad urbana sostenible. ¿Por qué soy tan optimista? Porque en este momento se dan las circunstancias idóneas para una actuación conjunta de las tres administraciones: Estado, Comunidad Autónoma y Ayuntamiento. El 2 de diciembre de este mismo año finalizan las prórrogas de todas las concesiones de transporte público regionales e interurbanas, lo que significa poder diseñar y planificar un nuevo mapa de transporte público sobre un “escenario prácticamente virgen”, en cuanto a derechos concesionales se refiere. Soy optimista al respecto, y espero no equivocarme, porque estamos en un momento de concienciación global por parte de la población sobre el problema de la contaminación ambiental. Esto no significa que de “motu proprio” todos actuemos de forma consecuente, de un día para otro. Aún a regañadientes creo que entenderíamos una actuación, por parte de las administraciones competentes, hacia la restricción del tráfico rodado siempre que tengamos alternativas adecuadas a nuestras necesidades de movilidad.

El Ayuntamiento sigue apostando de forma valiente por la ampliación de la red de carriles bicis, aguantando estoicamente algunas críticas por esta iniciativa. En mi opinión, ya se ha asumido, con mayor o menor resignación de algunos, y también se van utilizando cada vez más estas nuevas vías.

Además, se siguen ejecutando nuevos proyectos de peatonalización y los ciudadanos (residentes, visitantes y comerciantes) las están acogiendo con entusiasmo.

Por parte de la Administración Autonómica, se han dado los primeros pasos previstos en la Ley Regional de Transporte y se sigue trabajando en el desarrollo del Plan Regional de Transporte, que culminará con la definición de las principales áreas de movilidad metropolitana, sus directrices de movilidad y la definición de los mapas concesionales correspondientes.

A todos estos pasos que ya se han dado, en el sentido de ir cumpliendo con la normativa europea en materia de movilidad sostenible, hay que sumar la publicación, por parte del Ayuntamiento de Murcia, de la licitación para contratar una consultoría que ayudará a diseñar el anunciado Plan de Movilidad Metropolitana cuyas ofertas deben presentarse hacia finales de este mismo mes.

Insisto en que el escenario puede ser único e irrepetible para plantear soluciones donde imperen el rigor técnico, el compromiso ambiental y la respuesta social a las necesidades identificadas. Esta situación unida a la ingente cantidad de datos que nos proporcionan las nuevas tecnologías, en cuanto a necesidades y hábitos de movilidad, podría poner a Murcia como referente en movilidad urbana sostenible. El camino burocrático y legislativo está ya trazado y despejado en Murcia, en la Región de Murcia, en España y en Europa y permite ser recorrido con velocidad de crucero.

GOBERNANZA Y LIDERAZGO COLECTIVO

En estos tiempos todo sucede a la «velocidad de un tweet», a veces de forma tan irreversible que han tenido que modificar las pautas de publicación para poder darnos una segunda oportunidad, antes de perpetuar nuestro mensaje en la universalidad de internet.

Hoy se nos exige a todos ser versátiles, creativos, comunicativos, líderes, etc. Además, en cualquier instante, asumiendo toda la responsabilidad , con total transparencia, honestidad y corrección política. Se nos exige, y exigimos, lo imposible: dejar de ser personas para convertirnos en seres perfectos, en todo momento, y esto no es sostenible en el tiempo para ningún ser humano. Nadie podría superar la prueba del algodón, siempre y en todo.

Sobre esta cuestión hablaba ayer con dos amigos, grandes profesionales y grandes personas, ambos con responsabilidades al frente de departamentos importantes en el ámbito de las administraciones públicas. Nos preguntábamos si era posible, hoy en día, opinar con honestidad sin dejar de ser políticamente correcto. Una persona es honesta cuando actúa según sus convicciones y es transparente cuando muestra cuales son estos principios que rigen su comportamiento, para que su actuación pueda ser evaluada. ¿Qué sucede, entonces, cuando en el seno de la sociedad, o de un colectivo, nos quedamos sin el espacio suficiente de confluencia que nos permita a todos los individuos ser honestos, transparentes y políticamente correctos, lo que se supone no faltar al respeto al mismo tiempo?

Una sociedad no es sostenible sin un espacio amplio donde todos sus miembros puedan actuar, relacionarse y opinar con honestidad. En sociedades donde los individuos tienen comportamientos similares y objetivos comunes la convivencia es relativamente sencilla y las condiciones del líder son claras. La dificultad surge cuando la sociedad está fragmentada, es heterogénea y ni siquiera existen unos principios mínimos de acuerdo sobre “lo que es bueno para el conjunto”. En una sociedad dominada por el relativismo es complicado encontrar una fórmula viable para la gobernanza, porque los círculos de consenso se reducen prácticamente al nivel de individuo o de colectivo ideológico. Actualmente nos encontramos bastante próximos a este segundo escenario y, en dicho contexto, es complicado que surja un líder, reconocido por todas las partes, capaz de establecer unas líneas claras de gobierno que puedan ser asumidas en su totalidad. Quizás este sea el momento de avanzar en la dirección del liderazgo colectivo.

Se acaba de ratificar el nombramiento de Ursula von der Leyen, primera mujer que liderará el proyecto común europeo, como presidenta de la Comisión Europea. Sus primeras palabras, tras la votación de la Eurocámara, podrían interpretarse en esa dirección de liderazgo colectivo: «Me siento abrumada por la gran responsabilidad. Mi trabajo empieza ahora y trabajaremos juntos de manera constructiva porque se trata de conseguir una Europa fuerte y unida». Su nombramiento ha sido el resultado de unas jornadas de negociación maratonianas, llevadas a cabo por los líderes políticos de los países que forman la UE. Al final se consiguió llegar a un acuerdo de las partes, equilibrando representación de soberanías nacionales y representación de grupos políticos, según el resultado de las elecciones, donde se propusieron los nombres para los principales cargos de la política europea.

Debería considerarse un liderazgo claro, técnicamente hablando, pues está sustentado, en primer lugar, por la propuesta consensuada entre los representantes de los 28 Estados miembros y, en segundo lugar, ratificado por 383 votos a favor, entre las 733 papeletas depositadas en la urna. Sin embargo, ya se está cuestionando su capacidad, para este liderazgo colectivo, alegando como «debilidades»: su inaccesible carácter, a pesar de su esfuerzo por mostrarse integradora; su sonrisa congelada, que según fuentes de los periodistas aseguran que no es innata; su peinado perfecto; o su falta de apoyo unánime en la Eurocámara, cuando su antecesor recabó un 56,2% de los apoyos frente al 52,25% de ella. Frente a estos aspectos destacan, al mismo nivel de importancia, sus «fortalezas» para el gobierno: como son su formación, habiendo realizado cursos de Matemáticas, Economía y Arqueología, licenciada en Medicina en Hannover, su estancia en universidades del prestigio de la London School of Economics y Stanford, junto con el conocimiento de varios idiomas, además del alemán, habla francés, inglés y neerlandés; experiencia, doctora asistente en un clínica para mujeres, responsable de la cartera de Mujer, Familia y Salud en Baja Sajonia, ministra de Asuntos Familiares, ministra de Trabajo y actualmente desempeñaba la responsabilidad de ministra de Defensa; o el bagaje vital, conciliando junto con su esposo la responsabilidad de educar a siete hijos.

Como conclusión, ateniéndome a la información sobre la nueva presidenta de la Unión Europea, considero que estamos ante un nuevo ejemplo de empoderamiento de la mujer, un matiz positivo en el contexto actual, su esfuerzo por mostrarse integradora constituye otro punto a sumar en su favor y parecen innegables su honestidad y capacidad de trabajo, cualidades que la han hecho merecedora por parte de los medios de comunicación de sus país del calificativo Wünderfrau (Mujer maravilla). Por tanto, albergo la esperanza de encontrarnos ante una nueva etapa que podría ir en la dirección del liderazgo colectivo que, en un contexto actual tan diverso, podría ser la solución para una gobernanza sostenible.

MÁS TRABAJAR Y MENOS MANDAR

Un amigo nos contó, hace unos días, una anécdota sobre una conversación que había mantenido con un anciano en un pequeño pueblo de la región italiana de Piamonte:

«- Allí arriba los monjes llevan siglos haciendo una buena labor, comentaba aquel señor señalando al monasterio que se divisaba en lo alto de la montaña, y ¿sabe por qué? Pues es sencillo, porque sólo uno manda y los demás trabajan.

-En cambio aquí no hay forma de que las cosas funcionen, porque todos quieren mandar y ninguno trabajar»

Nuestro amigo nos aclaró que aquel señor se refería al negocio familiar que regentaban sus hijos, tras su jubilación. El lugareño debía pasar las horas, sentado allí en la parada, aprovechando para contar la misma historia a las personas que esperaban el paso del autobús.

Algo así puede estar sucediendo hoy en tantas instituciones que tienen dificultad para designar a sus líderes. Pasó hace unas semanas en las instituciones europeas, sucede con el gobierno de nuestro país y se repite el mismo problema en algunos parlamentos regionales. Todos quieren mandar sin recorrer el arduo camino del trabajo para alcanzar un liderazgo consistente, de ahí que todos las estrategias estén condicionadas por negociar en primer lugar los «sillones» y luego ya se verá.

En la actualidad todo sucede a gran velocidad, estamos en un momento de «hipercomunicación». Todos nos lanzamos a comunicar y nuestros responsables políticos tampoco escapan a esta tendencia. Existe una obsesión convulsiva por contarlo todo, al instante y de forma pública. Según Dominique Wolton existen tres razones principales que generan esa necesidad de comunicar: para compartir, con el honesto deseo de poner en común el conocimiento; por seducir, cuestión inherente a las relaciones humanas y sociales; y, por convicción, justificando nuestras creencias y respondiendo a las objeciones. Esa segunda razón, la de seducir, alcanzando en algunos casos el grado de manipulación, puede que sea en estos momentos la prioritaria, quedando las dos restantes supeditadas a esta intención.

Si consideramos que la información es poder, traducción popular de la expresión de Francis Bacon «knowledge is power», podríamos entender que existe cierta contradicción entre el interés por mantener el poder, salvaguardando la información, y el afán por comunicar, compartiendo este conocimiento y por ende el poder.

Continuando con mi reflexión voy a intentar salir de este jardín, aunque podría asemejarse mejor a una selva espesa con todos los frentes que he abierto. Las reglas de la democracia, soportadas sobre el presupuesto de la soberanía popular, exigen que la sociedad valore y elija a sus representantes, por lo que éstos tendrán que darse a conocer a través de todos los medios posibles. Esta exigencia conlleva generar mucha información de los candidatos, que tienen que mostrar sus competencias, y al mismo tiempo han de ganarse la confianza del mayor número posible de personas. Según Amy Cuddy, psicóloga de Harvard, éstas son las dos cuestiones a las que han de responder: el respeto, que depende de sus fortalezas, y la confianza, sin la cual no valorarán sus competencias.

En la teoría clásica sólo se concebía el conocimiento íntimamente unido a la verdad, la información albergaba datos que tras un proceso de investigación y verificación daban como resultado un determinado conocimiento, sin embargo hoy se generan hipótesis que se dan por ciertas y con posterioridad se construye la argumentación, como un traje elaborado a «conveniencia» que le da veracidad, lo que conocemos con el término de «post-verdad».

También me llaman la atención fenómenos que tienen la capacidad de generar confianza, capaces de movilizar masas heterogéneas de personas, sin que exista soporte específico sobre un conocimiento científico propio más allá de «consignas ideológicas» determinadas. Por ejemplo, el caso de Greta Thunberg, activista sueca de 16 años, que ha generado el movimiento «Fridays for Future», extendido por todo el mundo, y le ha llevado a pronunciar emotivos discursos en la Conferencia COP24 para el Cambio Climático de las Naciones Unidas o ante los líderes de la Unión Europea.

Esto me lleva a concluir que todos quieren participar en la carrera con el único objetivo de mandar en la meta, sin llevar a cabo el trabajo exigente que supone un entrenamiento propio de los deportistas de élite. En la «foto finish», a la que tenemos que recurrir para encontrar al líder, observamos que muchos participantes han perdido la pátina que les hacía brillar, dejando al descubierto esa falta de capacidad que sólo puede ser consecuencia del trabajo, quedando patente su obsesión por comunicarnos meras ilusiones con la única intención de ganarse nuestra confianza para poder mandar.

AVANZAR EN COMUNIÓN CON LA SOCIEDAD

El pasado fin de semana leía un artículo de Francesc Miralles, publicado en El Pais Semanal, titulado: «Cinco lecciones de Murakami para la vida».

Haruki Murakami es un escritor y traductor japonés que despertó mi interés hace diez años, poco después de publicar su libro «De qué hablo cuando hablo de correr». Por aquel entonces yo comenzaba, a mis 40 años recién cumplidos, a hacer mis primeros pinitos en las carreras de larga distancia y me resultó muy interesante conocer la experiencia de este autor y atleta.

Éste es un libro de memorias, entrelazadas con el relato de su experiencia corriendo en más de veinte maratones y una ultramaratón, en el que Haruki comparte algunos aspectos de su filosofía de vida, su evolución personal y profesional. Recuerdo que un aspecto que me llamó la atención fue que él y su esposa hubieran decidido no tener hijos, entre otros motivos, por falta de confianza en un mundo futuro mejor.

El artículo de Miralles, que destaca como primera enseñanza del autor japonés: «La soledad es la mejor vía al conocimiento», me ha traído a la memoria aquellas reflexiones que Murakami iba compartiendo con el lector, al tiempo que describía sus avances en la carrera de fondo. Todo el libro transmite esa «lucha en solitario» para ir dando pasos en la superación personal, etapa a etapa.

Hace diez años, cuando dedicaba a la preparación de mi primer maratón horas y horas en la soledad del asfalto, o levantando el polvo por caminos interminables, llegué a sentirme más identificado con esta afirmación. Hoy, sin embargo, mi opinión ha cambiado de forma rotunda y estoy convencido que el ser humano sólo puede avanzar si lo hace en comunión con la sociedad.

La persona en su esencia es un ser social, en palabras del profesor Melendo: «la persona es intrínsecamente un ser familiar», y para su desarrollo necesita continuamente el apoyo en otras personas. De hecho, es el ser creado, dentro del espectro natural, que nace con mayor grado de inmadurez. El primer entorno natural de la persona, la familia, es la que le da la posibilidad de vivir, crecer y desarrollar los tres principios operativos que le son propios: inteligencia, voluntad y afectividad.

De forma paradójica, siendo el ser que nace en condiciones más extremas de indigencia, el concepto de persona hace referencia a la grandeza del propio ser: a la dignidad que tiene que ver con su capacidad activa de ser, con su autonomía y libertad, que le posibilita el poder realizar actos libres y, en consecuencia, amar. La singularidad, cualidad que sólo se puede asignar en su máximo grado a la persona, es la propiedad de quien es autosuficiente, goza de autodominio, y constituye la causa de la dignidad.

Siguiendo con el desarrollo del profesor Tomás Melendo, en su introducción a la antropología de la persona, esta individualidad que caracteriza a la persona, igual y tal vez más que su dignidad, es la que nos lleva a afirmar que «la persona únicamente crece y madura cuando entra en contacto íntimo con otras personas».

Circunscribiéndome al análisis de mi entorno próximo, mi posición actual se identifica más con el razonamiento del profesor Melendo que con el «individualismo» de Murakami, que quizás sí refleja la tendencia de la sociedad actual, especialmente en los países desarrollados. La persona que soy, en gran medida, lo debo a mi familia. Una familia normal, ni especialmente numerosa ni tampoco exigua. Lo suficientemente amplia para que en el seno de la misma se vivan realidades diversas a la hora de entender las relaciones personales, la política e incluso la interpretación de las normas. Mi familia es un crisol, como la sociedad, donde hemos crecido y madurado en el respeto a la libertad individual y al apoyo mutuo, porque nada nos resulta indiferente y porque más allá de las diferencias, dando unidad a ese conglomerado, se encuentra el amor.

Extrapolando mi hipótesis anterior al conjunto de la sociedad, podría concluir afirmando que sólo desde la «comunión universal» podemos avanzar en el conocimiento y encontrar una solución global y sostenible. En palabras del Papa Francisco, de su encíclica Laudatio Sí, «todos lo seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde».

AQUÍ HABLAMOS ALTO

Ayer paseaba por el centro y no pude evitar oír una conversación entre dos jóvenes:

-¿Dónde estás? gritaba a su interlocutor, a través del teléfono. ¿Que necesitas un aparcamiento?¿Que no sea de pago? Entonces tendrás que ir a aparcar a la Avda. de la Fama, yo estoy ya en la plaza de Santo Domingo.

Así es, muchos usuarios del vehículo privado, especialmente en desplazamientos motivados por el ocio, no pueden permitirse pagar el coste que supone un aparcamiento público durante una estancia media o larga, es decir, de más de dos horas.

Ahí tenemos el dilema: ¿hay que atender esta demanda de usuarios de vehículos privados que pretenden acceder al centro con su coche, al menor coste posible (para ellos)? o, por el contrario, ¿debemos evitar atraer vehículos con un nivel de baja ocupación, en la mayoría de los casos?

A menudo, el criterio que se establece es el que contempla el refrán: «Quien no llora no mama», quien más grita es al que más se acaba escuchando. Y esto no debería ser así, puesto que nos jugamos la vida en ello. Sí, la vida. Puesto que los altos niveles de contaminación en el ámbito urbano nos van matando poco a poco. Y en gran parte se debe a esos desplazamientos , optativos, que podrían realizarse mediante otras alternativas.

Estos días, vuelve a estar de moda la discusión sobre «Madrid central», que pensaba que ya era una cuestión asumida, y también en Murcia se ha anunciado el compromiso de ampliar el número de plazas de aparcamiento en vía publica, dentro del perímetro central.

Si nos hacemos la siguiente reflexión, «está bien crear aparcamientos, porque así los coches dan menos vueltas para aparcar, se generan menos atascos y se contamina menos», podríamos llegar a convencernos de que es una solución económica, social y medioambientalmente aceptable. Sin embargo, un incremento de oferta por ampliación de la infraestructura viaria o por la creación de nuevos viales atraerán nueva demanda que volverán a colapsar, de nuevo, la vía urbana.

Podemos concluir, por tanto, que en materia de movilidad la oferta condiciona de manera importante la demanda: si crece la oferta de espacios para el vehículo privado, crecerá el tráfico urbano y, en consecuencia, la polución. En cambio, si crece la oferta de transporte público crecerá la demanda de usuarios, que encontrarán mejor respuesta a sus necesidades de movilidad, dejando el coche en casa. Sirva esta conclusión como «grito particular».