AQUÍ HABLAMOS ALTO

Ayer paseaba por el centro y no pude evitar oír una conversación entre dos jóvenes:

-¿Dónde estás? gritaba a su interlocutor, a través del teléfono. ¿Que necesitas un aparcamiento?¿Que no sea de pago? Entonces tendrás que ir a aparcar a la Avda. de la Fama, yo estoy ya en la plaza de Santo Domingo.

Así es, muchos usuarios del vehículo privado, especialmente en desplazamientos motivados por el ocio, no pueden permitirse pagar el coste que supone un aparcamiento público durante una estancia media o larga, es decir, de más de dos horas.

Ahí tenemos el dilema: ¿hay que atender esta demanda de usuarios de vehículos privados que pretenden acceder al centro con su coche, al menor coste posible (para ellos)? o, por el contrario, ¿debemos evitar atraer vehículos con un nivel de baja ocupación, en la mayoría de los casos?

A menudo, el criterio que se establece es el que contempla el refrán: «Quien no llora no mama», quien más grita es al que más se acaba escuchando. Y esto no debería ser así, puesto que nos jugamos la vida en ello. Sí, la vida. Puesto que los altos niveles de contaminación en el ámbito urbano nos van matando poco a poco. Y en gran parte se debe a esos desplazamientos , optativos, que podrían realizarse mediante otras alternativas.

Estos días, vuelve a estar de moda la discusión sobre «Madrid central», que pensaba que ya era una cuestión asumida, y también en Murcia se ha anunciado el compromiso de ampliar el número de plazas de aparcamiento en vía publica, dentro del perímetro central.

Si nos hacemos la siguiente reflexión, «está bien crear aparcamientos, porque así los coches dan menos vueltas para aparcar, se generan menos atascos y se contamina menos», podríamos llegar a convencernos de que es una solución económica, social y medioambientalmente aceptable. Sin embargo, un incremento de oferta por ampliación de la infraestructura viaria o por la creación de nuevos viales atraerán nueva demanda que volverán a colapsar, de nuevo, la vía urbana.

Podemos concluir, por tanto, que en materia de movilidad la oferta condiciona de manera importante la demanda: si crece la oferta de espacios para el vehículo privado, crecerá el tráfico urbano y, en consecuencia, la polución. En cambio, si crece la oferta de transporte público crecerá la demanda de usuarios, que encontrarán mejor respuesta a sus necesidades de movilidad, dejando el coche en casa. Sirva esta conclusión como «grito particular».