AVANZAR EN COMUNIÓN CON LA SOCIEDAD

El pasado fin de semana leía un artículo de Francesc Miralles, publicado en El Pais Semanal, titulado: «Cinco lecciones de Murakami para la vida».

Haruki Murakami es un escritor y traductor japonés que despertó mi interés hace diez años, poco después de publicar su libro «De qué hablo cuando hablo de correr». Por aquel entonces yo comenzaba, a mis 40 años recién cumplidos, a hacer mis primeros pinitos en las carreras de larga distancia y me resultó muy interesante conocer la experiencia de este autor y atleta.

Éste es un libro de memorias, entrelazadas con el relato de su experiencia corriendo en más de veinte maratones y una ultramaratón, en el que Haruki comparte algunos aspectos de su filosofía de vida, su evolución personal y profesional. Recuerdo que un aspecto que me llamó la atención fue que él y su esposa hubieran decidido no tener hijos, entre otros motivos, por falta de confianza en un mundo futuro mejor.

El artículo de Miralles, que destaca como primera enseñanza del autor japonés: «La soledad es la mejor vía al conocimiento», me ha traído a la memoria aquellas reflexiones que Murakami iba compartiendo con el lector, al tiempo que describía sus avances en la carrera de fondo. Todo el libro transmite esa «lucha en solitario» para ir dando pasos en la superación personal, etapa a etapa.

Hace diez años, cuando dedicaba a la preparación de mi primer maratón horas y horas en la soledad del asfalto, o levantando el polvo por caminos interminables, llegué a sentirme más identificado con esta afirmación. Hoy, sin embargo, mi opinión ha cambiado de forma rotunda y estoy convencido que el ser humano sólo puede avanzar si lo hace en comunión con la sociedad.

La persona en su esencia es un ser social, en palabras del profesor Melendo: «la persona es intrínsecamente un ser familiar», y para su desarrollo necesita continuamente el apoyo en otras personas. De hecho, es el ser creado, dentro del espectro natural, que nace con mayor grado de inmadurez. El primer entorno natural de la persona, la familia, es la que le da la posibilidad de vivir, crecer y desarrollar los tres principios operativos que le son propios: inteligencia, voluntad y afectividad.

De forma paradójica, siendo el ser que nace en condiciones más extremas de indigencia, el concepto de persona hace referencia a la grandeza del propio ser: a la dignidad que tiene que ver con su capacidad activa de ser, con su autonomía y libertad, que le posibilita el poder realizar actos libres y, en consecuencia, amar. La singularidad, cualidad que sólo se puede asignar en su máximo grado a la persona, es la propiedad de quien es autosuficiente, goza de autodominio, y constituye la causa de la dignidad.

Siguiendo con el desarrollo del profesor Tomás Melendo, en su introducción a la antropología de la persona, esta individualidad que caracteriza a la persona, igual y tal vez más que su dignidad, es la que nos lleva a afirmar que «la persona únicamente crece y madura cuando entra en contacto íntimo con otras personas».

Circunscribiéndome al análisis de mi entorno próximo, mi posición actual se identifica más con el razonamiento del profesor Melendo que con el «individualismo» de Murakami, que quizás sí refleja la tendencia de la sociedad actual, especialmente en los países desarrollados. La persona que soy, en gran medida, lo debo a mi familia. Una familia normal, ni especialmente numerosa ni tampoco exigua. Lo suficientemente amplia para que en el seno de la misma se vivan realidades diversas a la hora de entender las relaciones personales, la política e incluso la interpretación de las normas. Mi familia es un crisol, como la sociedad, donde hemos crecido y madurado en el respeto a la libertad individual y al apoyo mutuo, porque nada nos resulta indiferente y porque más allá de las diferencias, dando unidad a ese conglomerado, se encuentra el amor.

Extrapolando mi hipótesis anterior al conjunto de la sociedad, podría concluir afirmando que sólo desde la «comunión universal» podemos avanzar en el conocimiento y encontrar una solución global y sostenible. En palabras del Papa Francisco, de su encíclica Laudatio Sí, «todos lo seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde».

Publicado por Sostenibilidad Vital

En búsqueda de la Sostenibilidad Vital: ser mejor para servir mejor.

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2 Comments

  1. Interesante reflexión. No conocía estas referencias. Realmente me siento muy identificado con Murakami: correr, reflexión, no tener hijos por un sentido de responsabilidad, individualismo…

    ¡Gracias por compartirlo Severiano! —y por hacerme ver que hay más locos en el mundo. Ya no me siento tan solo 😛

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